Empresas con un proceso propio
Trabajan de una manera concreta que ningún programa comercial contempla, y llevan años forzando herramientas que no encajan.
No vendemos tecnología: resolvemos el proceso que hoy te consume horas. Primero entendemos cómo trabajas, después construimos el sistema que hace ese trabajo por ti.
Ninguna empresa decide un lunes que necesita software. Lo que pasa es que aparecen estas señales, y un día ya no se pueden ignorar.
Existe el «definitivo», el «definitivo final» y el que tiene una persona en su escritorio. Nadie sabe cuál manda, y los números no cuadran entre ellos.
Los clientes en una planilla, los pedidos en el correo, el inventario en un cuaderno. Armar un informe significa juntar tres fuentes a mano.
Copiar datos de un lado a otro, rehacer el mismo cálculo, reenviar el mismo aviso. Trabajo que cuesta sueldo y no agrega nada.
El stock mínimo, el vencimiento, la orden pendiente. Si la persona que lo tiene en la cabeza se va de vacaciones, el control desaparece con ella.
Cada cliente nuevo significa más trabajo manual, así que atender al doble exige contratar al doble. El proceso no escala.
Cada sistema es distinto, pero casi todos los proyectos se mueven en este terreno. Si tu problema no está en la lista, es conversable.
Trabajan de una manera concreta que ningún programa comercial contempla, y llevan años forzando herramientas que no encajan.
Funcionó mientras eran tres personas. Hoy son quince y el archivo compartido es el cuello de botella de toda la empresa.
Licencias mensuales de un programa enorme del que se aprovecha el diez por ciento, y encima hay que adaptarse a él.
Cuándo no es para ti: Si lo que necesitas es facturación electrónica o contabilidad, hay software chileno ya certificado que hace eso mejor y más barato que cualquier desarrollo a medida. Te lo diremos en la primera reunión.
Vemos cómo trabajas hoy, paso a paso y con los datos reales delante. De aquí sale qué debe hacer el sistema y, sobre todo, qué no hace falta que haga.
Antes de programar entregamos qué se construye, en qué orden, cuánto cuesta y en cuánto tiempo. Si el proyecto es grande, se parte en etapas con valor propio cada una.
Construimos y te mostramos avances utilizables, no maquetas. Corregir el rumbo en la etapa dos es barato; descubrirlo al final, no.
Migramos tus datos, capacitamos al equipo y acompañamos los primeros días de uso real, que es cuando aparecen las dudas de verdad.
No lo sabemos hasta hacer el levantamiento, y desconfía de quien te dé un plazo antes de eso. Lo que sí garantizamos es que el plazo va por escrito en la cotización, después de haber entendido tu proceso, y que se respeta.
Es el punto de partida de un sistema pequeño y bien hecho: un módulo que resuelve un proceso concreto. El precio final depende de cuántos procesos entren, de si hay que integrarse con otros programas y de cuántos datos haya que migrar.
Sí. El sistema y sus datos son tuyos, y eso queda por escrito. No cobramos una licencia mensual por usar lo que ya pagaste.
Se cotiza como una etapa nueva. Los sistemas crecen: precisamente por eso los construimos por módulos, para que agregar algo no signifique rehacer lo anterior.
Sí, siempre que permita integrarse. A veces la mejor solución no es un sistema nuevo, sino un módulo que le falta al que ya usas, o una integración entre dos programas que hoy no se hablan.
El alcance acordado se respeta al precio acordado. Si durante el desarrollo pides algo que no estaba, se cotiza aparte y tú decides si entra ahora o después. Lo que no hacemos es facturar sorpresas.
La primera conversación es para entender el problema, no para venderte un sistema. Si lo que necesitas se resuelve con algo más simple y barato, te lo diremos.